Contar tu historia no es egoísmo. Egoísta es no contarla.
Ghostwriter de biografías y memorias 25 años de oficio
Escribo tus memorias por vos. Vos contás en voz alta —que es algo que ya sabés hacer—, yo me ocupo del resto, y el libro sale con tu nombre. Y con tu voz, que es la parte difícil y es de lo que se trata.
Confidencialidad desde el primer mensaje.
25 años de oficio · +1.000 manuscritos editados · Más de una década escribiendo, respetando la voz de mis clientes, para que el crédito sea solo suyo.
"Algún día voy a escribir mi historia"
Todos los que dicen esa frase tienen algo en común: ninguno la escribió.
No es por falta de material. Es por un pudor bastante extendido —y bastante rioplatense— que nos convence de que contar la propia vida es un acto de vanidad, algo que hacen los que se creen importantes. Así que la historia se posterga, se cuenta a medias en una sobremesa, se guarda para más adelante.
Hasta que más adelante es tarde.
Doy vuelta el argumento.
Casi todo lo que sabés lo aprendiste pegándote el palo (perdón por mi francés): los años que perdiste en el negocio equivocado, la sociedad que se rompió por algo que hoy verías venir a un kilómetro, la decisión que tomarías al revés. Alguien más —tu hijo, tu nieto, un desconocido— va a tener que aprender exactamente lo mismo, y le va a costar exactamente lo mismo (quizá más), salvo que vos se lo cuentes.
La curva de aprendizaje de otro puede empezar donde terminó la tuya.
Eso no es vanidad. Es exactamente lo contrario: es lo más generoso que se puede hacer con una experiencia.
Y si lo que está en juego es el legado familiar, la cuenta es todavía más simple. En todas las familias hay una caja de fotos donde ya nadie sabe quién es quién. Se pierde el nombre de la bisabuela, se pierde por qué se vino, se pierde qué dijo el día que llegó. Se pierden esas recetas cuyos sabores después extrañamos y nadie puede replicar. Los apellidos sobreviven; las historias, no.
En tu familia eso también está pasando. Ahora mismo.
Si llegaste hasta acá, probablemente seas alguno de estos tres:
El que ya lo intentó
Tenés cuarenta páginas empezadas hace cuatro años. Las releíste una vez, no te gustaron, y ahí quedaron. No fue por falta de ganas: escribir un libro es un oficio, y vos tenés otro.
El que sabe que tiene el material y no sabe qué hacer con él
Una vida larga no entra en un índice. No sabés si empezar por la infancia o por el año que cambió todo, qué contar de la empresa y qué de la casa, cuánto de los otros te corresponde contar. La estructura es justamente la parte que yo resuelvo.
El que lo quiere para los que quedan (y los que lleguen)
No te importa publicar. Te importa que tus hijos y tus nietos tengan, en un objeto que se pueda tocar, quién fuiste realmente y no la versión resumida que van a contar en un brindis.
Nota: podés entrar en más de una categoría a la vez (no pasa nada: es lo más normal).
Los tres proyectos son el mismo trabajo. Y, a la vez, un proyecto único, porque se adapta a tus circunstancias de vida y a tus objetivos.
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