Corrección con inteligencia artificial: ¿es posible corregir con IA al 100 %?
CORRECCIÓN DE TEXTO
10/4/20268 min read


En general, y sin ceñirme específicamente a la corrección de textos, pelearse con la inteligencia artificial me parece una lucha perdida. Hablando, ahora sí, de mi profesión, tengo plena conciencia de que una parte de lo que hacemos puede resolverse, o al menos agilizarse, con herramientas que hace algunos años no teníamos a disposición. Pago todas las suscripciones más "famosas" y exploro de qué formas pueden funcionar como una especie de asistentes idóneos para ciertas tareas. La otra cara de la moneda es que, cuanto más conocés en qué sí pueden ayudarte, también advertís con mayor precisión sus límites y falencias.
Empecemos con la parte positiva: la corrección con inteligencia artificial puede ser útil. Incluso hay situaciones en las que considero razonable que alguien revise su texto con esa ayuda y prescinda de contratar a un profesional. Un texto breve y con objetivos profesionales, por ejemplo, no necesariamente deba pasar por un servicio de corrección antes de llegar a destino.
El problema aparece cuando confundimos obtener una nueva versión con tener un texto terminado. Entre ambas cosas hay una lectura pendiente, y alguien tiene que hacerse cargo de ella.
Por lo tanto, ante la pregunta de si es posible corregir con IA al 100 %, haría una primera distinción: podés delegarle una serie de intervenciones, pero te recomiendo conservar la decisión sobre cuáles llegan a la versión final. Si después revisás sus propuestas, las comparás con el original y descartás algunas, ya estás participando de la corrección. Esa participación puede parecer pequeña; no obstante, de ella depende, entre otras cosas, que el texto siga diciendo lo que querías decir.
Una herramienta de IA para corrección también tiene condiciones de uso
Como profesionales, podemos reconocer la utilidad de la IA sin concederle autoridad sobre cada decisión. Una sugerencia merece evaluarse por lo que aporta al texto, venga de donde venga.
También hay un límite que tengo MUY claro: si un cliente pide expresamente que no usemos inteligencia artificial en la revisión de su texto, debemos respetar su petición. Usar la IA de todos modos, con el argumento de que así terminamos antes o de que nadie va a darse cuenta, supone incumplir una condición del encargo.
Podemos conversar sobre el alcance de ese pedido, explicar cómo trabajaríamos y despejar dudas. Una vez acordadas las condiciones, lo que corresponde es cumplirlas. El tiempo que podríamos ahorrar no nos autoriza a decidir por otra persona qué acepta hacer con su manuscrito. Y el cliente también debe comprender que una corrección de textos a la vieja usanza, sin la ayuda de la tecnología, lleva el tiempo que sea necesario, que no suele ser poco (esto dependerá, claro, de la extensión del texto y del tipo de intervención que requiera).
Esta misma idea de establecer límites sirve para quien quiere revisar un texto propio: antes de pedirle a una herramienta que intervenga, es fundamental tener una noción de qué esperamos de ella.
"Mejorá este texto" deja mucho por decidir en manos de la inteligencia artificial. Y esas decisiones, aunque puedan ser gramaticalmente correctas, no siempre obran en favor de tu texto.
Qué textos podrías corregir con inteligencia artificial
Veo razonable recurrir a la IA para una primera revisión de textos breves, no literarios y de escasa complejidad, siempre que puedas comprobar el resultado. Pienso, por ejemplo, en:
Un correo para coordinar una reunión.
Un aviso interno sobre un cambio de horario.
Una descripción sencilla de una actividad.
Un mensaje informativo para un grupo.
En estos casos, la extensión permite comparar la versión original con la intervenida por la IA sin que la tarea se vuelva demasiado demandante. Además, quien escribe suele conocer lo suficiente el asunto como para detectar si una modificación altera lo que necesitaba comunicar.
La brevedad, de todas formas, es apenas una condición favorable. Hay mensajes de cuatro líneas que merecen una lectura muy cuidadosa: una respuesta a un cliente enojado, por ejemplo, puede quedar objetivamente impecable; pero, en la práctica, empeorar la conversación.
Asimismo, importa qué querés revisar. Buscar errores de tipeo es una tarea más acotada que pedir una mejora general del estilo. Cuanto más amplio sea el encargo, más espacio dejás para que se modifiquen aspectos que quizás preferías (o sería mejor) conservar.
Para lograr un resultado aceptable, antes de empezar, deberías definir el destinatario y el propósito del escrito, además del tipo de intervención que deseás. Si usás voseo y querés mantener un tono cercano, esas condiciones deberían formar parte del pedido. Después, en todos los casos (sí, en todos, si realmente buscás un texto que hable tu idioma) deberías comprobar que esas condiciones se hayan respetado.
Revisar con IA exige poder ver los cambios
Si vas a corregir un texto con inteligencia artificial, mi recomendación es que trabajes con los cambios a la vista. Idealmente, mediante un sistema de control de cambios que te permita aceptar o rechazar cada intervención, como el que ofrece Word.
Cuando el entorno que usás no permite hacerlo, conservá el original y comparalo con la versión propuesta. También podés pedir una relación de modificaciones y sus motivos, aunque esa explicación no reemplaza la comparación entre los dos textos.
Leer solamente la versión nueva conlleva una dificultad: podés evaluar si "suena bien", pero (si no tenés el ojo entrenado) te va a resultar mucho más difícil advertir qué fue lo que realmente cambió, salvo que el texto sea muy breve.
No hace falta una transformación demasiado evidente para que el sentido de un texto se altere. A veces alcanza con sustituir un verbo o volver explícito algo que el autor había preferido dejar "en suspenso".
Revisar los cambios que te propone la IA lleva tiempo. Lo sé de primera mano, porque hice ese experimento muchas veces con textos propios; puede decirse que corro con la ventaja de la experiencia para revisarlos y discernir cuáles son acertados y cuáles no, pero aun así me lleva tiempo. Si estás recurriendo a la IA porque no tenés ni un momento para volver sobre el escrito, esa parte del trabajo va a quedar sin hacer. Contratar a un corrector profesional permite delegar, precisamente, esa lectura y las decisiones que requiere.
El riesgo de "pasteurizar" un texto
Hay otra dificultad: disponer de tiempo para revisar tampoco significa saber qué mirar.
Si tenés muchas dudas sobre tu escritura, es comprensible que una versión más fluida te inspire confianza. Puede ser una buena corrección. Puede haber adquirido una apariencia de solvencia que oculte pérdidas menos evidentes.
Pienso en ese resultado como una especie de pasteurización: el texto queda uniforme, prolijo, sin demasiadas asperezas. En el proceso, quizás se fueron también tu sentido del humor, la cercanía que buscás con el lector, o una manera particular de observar un determinado asunto. Todo parece estar en orden, pero el resultado final es un texto que podría haber sido escrito por cualquiera.
La preocupación por esa uniformidad tiene antecedentes en la investigación. Un estudio preliminar sobre la reescritura de relatos personales en inglés encontró que las versiones producidas por distintos modelos tendían hacia ciertos rasgos estilísticos comunes. Pedir que preservaran la voz reducía algunos cambios, pero no eliminaba esa tendencia. El trabajo analiza condiciones concretas y no permite extender sus resultados a toda corrección con IA, pero sí aporta motivos para prestar atención a lo que una revisión transforma.
Para evaluar una intervención de la IA en un texto, debemos considerar la relación con quien va a leer y el efecto que buscamos producir. Si después de varias indicaciones tenés que reconstruir el tono original, recuperar información que se perdió y desarmar frases que nunca habrías usado, el ahorro de tiempo empieza a ser discutible. La velocidad de la primera respuesta es apenas una parte de la ecuación.
Por qué la corrección literaria necesita una mirada humana
En literatura, estas decisiones adquieren otra densidad. Una repetición puede sostener el ritmo de un párrafo. Una frase incompleta puede decir algo sobre el estado de un personaje. Una ambigüedad puede acompañar al lector durante varias páginas antes de resolverse.
Consideremos este pequeño ejemplo:
"Esperó el tren. Esperó la lluvia. Esperó que alguien le dijera que podía irse".
Podríamos evitar la reiteración y escribir:
"Esperó el tren, la lluvia y que alguien le dijera que podía irse".
Las dos versiones se entienden. No obstante, producen una impresión distinta en el lector: en la primera, la espera vuelve a empezar con cada oración. Decidir si conviene conservarla exige leer qué está haciendo ese pasaje dentro de la obra. No lo podemos analizar como a un elemento aislado.
A causa de ese tipo de situaciones, muy frecuentes en textos de ficción, no recomiendo dejar una corrección literaria enteramente en manos de la IA. Podés utilizarla para explorar una alternativa o señalar una posible inconsistencia; la evaluación final necesita una lectura capaz de relacionar esa observación con el conjunto.
Tampoco alcanza con invocar la mirada humana como una garantía automática. Un corrector puede intervenir de más, explicar lo que convenía sugerir o uniformar las voces de los personajes. La formación y la experiencia importan, porque ayudan a fundamentar una decisión y, cuando hace falta, a convertirla en una consulta al autor.
A veces el trabajo consiste en reconocer que una frase extraña necesita quedarse. Otras, en advertir que la intención está clara para quien escribió, pero todavía no llegó a la página. Distinguir esas situaciones forma parte del oficio.
Cuándo te conviene recurrir a un corrector profesional
Para un texto breve, cotidiano y cuyo resultado podés evaluar, una revisión con IA puede ser suficiente como ayuda. La decisión cambia cuando el documento es extenso, tiene exigencias particulares o va a publicarse en un contexto donde el modo de decir importa tanto como la información.
También cambia cuando no contás con tiempo o criterio para examinar las propuestas de la IA. Saber que una herramienta puede equivocarse sirve de poco si después aceptás todas sus modificaciones porque no tenés cómo distinguir la paja del trigo.
En esos casos, considero necesaria una intervención profesional. Quien corrige puede establecer criterios para el conjunto, reconocer problemas que se repiten y consultar aquello que admite más de una interpretación. Esa continuidad resulta especialmente valiosa en un libro, donde una decisión tomada en las primeras páginas puede tener consecuencias muchas páginas después.
La IA puede formar parte de un proceso de trabajo, siempre que su uso sea compatible con lo acordado. Mi posición como correctora es que la responsabilidad sobre la revisión sigue en manos de quien presta el servicio.
Si tenés un texto y no sabés qué tipo de corrección necesita, podés escribirme y contarme para qué lo preparaste. Ver una muestra me permitirá evaluar el alcance del trabajo con bastante más precisión que una promesa general de dejarlo "perfecto". Para eso, podés escribirme a tecuento@arianariccio.com.
Porque, después de todas las correcciones posibles que pueda haberle hecho una IA a tu texto, todavía queda leerlo y comprobar algo: que diga lo que necesitabas decir, de una manera que puedas reconocer como propia.
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