Corrección de textos en Argentina: ¿es necesario enviarle tu texto a un corrector?

CORRECCIÓN DE TEXTO

9/16/20264 min read

contratar a un corrector en argentina
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La respuesta corta es sí. Y no porque quiera llevar agua para mi propio molino; podés contratar a cualquiera de los excelentes correctores de textos que hay en Argentina (soy defensora de que hay clientes para todos, porque todos tenemos un perfil profesional diferente y único).

Si querés la respuesta larga, te invito a seguir leyendo.

Cuanto más tiempo pases dándole vueltas a tu obra —y eso es lo que suele ocurrir con un texto que, para vos, es importante— más se va a familiarizar tu cerebro con ella. Y los pequeños o grandes errores o desvíos se van a hacer cada vez más invisibles para él.

Ese es, sin duda, el primer motivo. Y es el que hace que incluso los grandes escritores, y los correctores que escribimos, necesitemos un corrector. Hay una regla de oro: quien escribió un texto, nunca, jamás, podrá corregirlo con precisión. Ya sea por costumbre o por apego emocional con su creación (a menudo por las dos cosas), no podrá hacerlo. No tienen por qué creerme: prueben, insistan, y saquen sus propias conclusiones.

Por supuesto, hay trucos para lograr un nivel de revisión aceptable en los escritos propios, pero eso será tema de otro post. A manera de adelanto, uno de los más conocidos es dejar reposar el texto: eso permite analizarlo con una mirada más fresca y “descontaminada”. El problema es que, por lo general, el nivel de ansiedad del autor conspira contra esta táctica, y el tiempo de reposo nunca termina siendo suficiente.

Podrías estar pensando, con cierta razón, que podés recurrir a la IA. Eso también será tema de otro post, pero también voy a hacer un pequeño avance. Hay varios métodos para hacer eso. Uno es consultarle solamente dudas puntuales. Otro, compartir con el modelo de tu preferencia todo tu texto y pedirle que te haga un detalle de las correcciones que estima necesarias.

Ambos métodos tienen sus mañas y requieren cierta pericia; no obstante, como señalé, este tema tendrá su propio post. Lo único que voy a agregar aquí es que, si querés hacer el experimento, comiences con el último método descrito. Fijate qué te dice la IA, cuánto tiempo te lleva discernir qué aplicar y qué no y —finalmente— cuánto tiempo te lleva implementar las recomendaciones que te parecen sensatas. Apuesto que va a ser bastante más del que te imaginás.

La inteligencia artificial, bien usada, no te va a ahorrar tiempo. En todo caso, te puede evitar pagarle a otra persona, que está bien si es lo que buscás, pero te aseguro que te vas a tener que arremangar. Corregir, releer y volver a corregir lo ya corregido. ¿Cómo lo sé? Porque hice el experimento muchas veces con textos propios. Y sé perfectamente que la lectura definitiva es la humana. Porque, en general, son otros humanos quienes van a leer tus escritos; no otra IA. Esto último, no obstante, requiere un matiz aclaratorio: si estás haciendo textos —por ejemplo— para tu sitio web, puede que busques que además de que lean personas, te lean y citen los LLMs (large language models). Es lícito y entendible. Pero no olvides que, en la mayoría de los casos, quienes siguen tomando decisiones de compra son las personas, y hay que escribir para ellas (soy consciente de que esto puede cambiar más adelante y actualizaré esta opinión, llegado el caso).

Pero la razón definitiva para no delegarle la corrección de tu texto a una plataforma de IA está en la página de inicio de mi sitio web, y se resume en una pregunta: ¿cuántas veces vas a escribir un libro en tu vida? Para la mayoría de las personas (y he trabajado con autores prolíficos) la respuesta a esa pregunta cabe en los dedos de tus manos. Quienes superan esa cantidad son, por lo general, personas que abrazan la escritura como profesión única y (que quede entre nosotros) muchos de ellos tienen un equipo de personas que los ayuda. Lo sé muy bien porque, además de correctora, soy lo que se conoce como “escritora fantasma” (otro tema que también tendrá su post dedicado, para no irme por las ramas en este).

Un libro es un legado. A veces, uno destinado a ser leído por una sola persona. Eso no lo hace menos valioso. Un libro es la cristalización de lo más valioso que tenemos: nuestras horas de vida. Aquellas que dedicamos a escribir, y aquellas que dedicamos a vivir para tener de qué escribir. Podemos venderlo por un peso o regalarlo, no importa. Su valor es incalculable, porque en un mundo donde todo —más tarde o más temprano—, perece, un libro es una apuesta por la inmortalidad.

Me podrás decir que estoy siendo exagerada; y, si es así, esa percepción puede deberse a dos cosas:

1) Nunca escribiste un libro.

2) Sí lo escribiste, pero para vos tiene otro valor. Está bien. En ese caso, podés dejar de leer en este punto, porque lo que sigue tampoco va a tener sentido para vos.

Nada ni nadie puede mejorar tu voz, porque no hay nada que mejorar en aquello que la hace única y singular. En todo caso, lo que hace una corrección profesional es eliminar el ruido de fondo que apaga, distorsiona, opaca esa voz. Como decía una publicidad popular en mi juventud: “cuando llega tu voz, llegás vos”. Y la voz de tus palabras, como una buena canción, puede trascender generaciones, impulsar cambios necesarios, acompañar a alguien en su soledad y dejar una huella que actualice tu presencia en este mundo cada vez que alguien pose en ella su mirada.

Y eso, creeme, puede ocurrir de maneras insospechadas.

Si sentís que tu voz se merece ser escuchada sin ruidos de fondo, escribime.