Ghostwriting en Argentina: cómo elegir a quien va a escribir tu libro
GHOSTWRITING
10/2/20268 min read


Hay algo que puede salir mal cuando le encargás a otra persona que escriba tu historia: que el libro quede impecable… y vos no te reconozcas en él.
Que tenga palabras que nunca usarías, conclusiones a las que jamás llegaste y una solemnidad que, en una conversación, habrías desarmado con un chiste.
Todo muy bien escrito, gracias por los servicios prestados, señor/a ghostwriter.
Y, a la vez, todo un poco ajeno.
Si estás buscando un servicio de ghostwriting en Argentina, probablemente ya tengas alguna idea de lo que hace un escritor fantasma. Quizás quieras contar tu vida, recuperar la historia de alguien de tu familia o convertir tus conocimientos profesionales en un libro. También es posible que hayas empezado a escribir y descubierto que. entre tener mucho para contar y conseguir que otro quiera leerlo, hay unas cuantas (y, a veces, muy tediosas) decisiones.
Elegir a quien va a acompañarte en ese recorrido es el primer paso que determinará el destino final. La calidad de su escritura importa, desde luego; pero también su capacidad para entender qué querés hacer, formular las preguntas correctas y trabajar con una voz que no le pertenece, sin pretender imponer la suya.
Porque podés admirar cómo escribe una persona y, aun así, necesitar algo distinto para tu libro.
Qué delegás al contratar a un ghostwriter
El ghostwriting es un trabajo de escritura por encargo: una persona desarrolla el texto que se publicará bajo el nombre de otra, con las condiciones de participación y reconocimiento que ambas acuerden.
Esa definición resuelve la duda más inmediata, aunque dice muy poco sobre lo que sucede durante el proceso.
Cuando alguien me cuenta que quiere escribir sus memorias, por ejemplo, puede tener algunas escenas muy presentes y enormes períodos de su vida guardados en una caja fuerte cuya combinación ya no recuerda. Puede recordar con precisión una conversación ocurrida hace cuarenta años y confundir el orden de acontecimientos recientes. Quizás conserve cartas, fotografías o cuadernos; o quizás todo el material esté, por ahora, en su memoria.
Con eso hay que construir un libro.
Hace falta decidir por dónde empezar, qué episodios desarrollar y cómo relacionarlos. También reconocer qué información necesita un lector que no conoce a las personas mencionadas, nunca estuvo en esos lugares y desconoce por qué determinada decisión tuvo consecuencias durante décadas.
Esas son algunas de las tareas que delegás. Podés llegar con notas dispersas, grabaciones o una historia que todavía contás de manera desordenada. Darle forma a ese material es parte del trabajo del escritor fantasma.
Tu participación, de todos modos, sigue siendo necesaria. La escritura se puede delegar; las respuestas sobre lo que viviste, lo que pensás y lo que querés compartir requieren que estés presente (MUY presente) del otro lado.
Tu voz está en algo más que las palabras que usás
Una de las promesas habituales del ghostwriting es respetar la voz del cliente. Ahora bien: ¿qué significa eso en la práctica exactamente?
Reconocer tus expresiones frecuentes ayuda. También registrar cómo empezás una anécdota, qué comparaciones te salen naturalmente o cuánto lugar tiene el humor en tu manera de contar algo. Pero la voz se construye con elementos que no siempre son tan fácilmente detectables.
Tu voz está en tu grado de certeza. En las cosas sobre las que preferís no dar una opinión definitiva. En la distancia que tomás respecto de tus propias decisiones. En la posibilidad de contar un fracaso con tristeza, con ironía o con una mezcla que cambia según el día.
Si relatás algo con dudas y quien escribe lo convierte en una afirmación categórica, habrá modificado tu posición frente a lo ocurrido. Aunque haya conservado todos los hechos.
Lo mismo sucede cuando una experiencia termina adornada con una enseñanza que su protagonista nunca expresó. Hay historias que siguen abiertas y personas que no tienen ninguna intención de extraer una lección ejemplar de cada inconveniente. A veces, un mal negocio fue un mal negocio (que bastante trabajo dio mientras duró).
Escribir con la voz de otra persona exige percibir esos matices y darles una forma que funcione en la página. La oralidad necesita edición: tiene desvíos, repeticiones y referencias que se comprenden en una conversación, pero se pierden al leer. El trabajo consiste en resolver esas dificultades conservando la manera de pensar de quien decide contar su historia. Una decisión que no es menor y puede tener un gran impacto. Para tu tranquilidad, en caso de que estés leyendo esto porque estás evaluando la posibilidad de contratar a un ghostwriter, en todos los proyectos donde participé (y, en casi 50 años de vida y 25 de trayectoria, fueron unos cuantos) el impacto fue positivo. A veces, enormemente positivo.
Para eso hay que escuchar con atención, incluso cuando el material parece contradecir la idea de libro que una había empezado a imaginar.
Las preguntas también forman parte de la escritura
Antes de contratar a un ghostwriter, prestá atención a las preguntas que te hace.
Es natural que necesite saber qué tipo de libro querés, con qué extensión lo imaginás y para cuándo te gustaría tenerlo. A medida que conoce el proyecto, también debería empezar a interesarse por las particularidades de tu historia.
Pensemos en una situación hipotética. Alguien cuenta: “Cerré el negocio y al mes siguiente conseguí trabajo en otra cosa”. Después sigue con su relato, como si acabara de mencionar un cambio de domicilio.
Tal vez ese cierre merezca apenas una línea. Tal vez explique una decisión que su protagonista tomó muchos años después. Para saberlo, hay que preguntar: cuánto tiempo había dedicado a ese proyecto, cómo decidió terminarlo, qué pasó el último día. Quizás aparezca una escena que todavía recuerda con nitidez y que nunca había considerado digna de ser contada.
La persona que escucha puede advertir conexiones que, para quien vivió los hechos,son obvias o quedaron cubiertas por el manto del olvido que teje la costumbre. Lo que uno conoce demasiado pierde relieve y dimensión; hace falta cierta distancia para volver a verlo.
Esa atención también requiere tacto. El deseo de encontrar una buena escena debe convivir con el respeto por lo que alguien quiere reservarse. Contar la propia historia no obliga a exhibir cada rincón de la intimidad.
Una entrevista productiva permite explorar, volver sobre algo y corregir un recuerdo. Necesita confianza suficiente para que puedas decir “eso prefiero no contarlo” sin sentir que estás perjudicando el trabajo. Y el buen ghostwriter debe saber cuándo repreguntar y cuándo dar por concluido el relato de una determinada vivencia.
Cómo saber si ese escritor fantasma puede escribir tu libro
La trayectoria y las muestras de escritura ofrecen información útil. En ghostwriting, sin embargo, parte del trabajo puede, y suele, estar sujeto a acuerdos de confidencialidad, de modo que la ausencia de nombres conocidos en un portafolio dice bastante poco por sí sola.
La conversación inicial permite observar otras cosas: si la persona entiende lo que querés hacer, si explica cómo trabaja y si puede señalar dificultades sin transformar tu proyecto en una sucesión de obstáculos.
Asimismo, es importante cómo recibe tus observaciones. Durante la escritura habrá propuestas que te gusten y otras que necesiten ajustes. Poder conversar sobre ellas forma parte del servicio.
En mi trabajo, antes de avanzar con el libro completo, preparo una muestra o capítulo de calibración. Esa instancia permite evaluar el tono sobre material concreto. Podemos leer un pasaje, reconocer qué funciona y determinar qué sentís ajeno o distante.
Decir “quiero que suene a mí” expresa un deseo comprensible, pero todavía muy amplio e impreciso. Cuando tenés un texto delante, podés identificar una expresión que nunca usarías, una emoción exagerada o un comentario que representa exactamente lo que querías decir.
La devolución del cliente nos ayuda a afinar el trabajo. Por eso, es necesario acordar cómo se harán las revisiones y reservarles tiempo. Un libro escrito por encargo se construye mediante ese intercambio; requiere algo más que enviar información y esperar un archivo terminado.
Qué es necesario acordar antes de empezar a trabajar con un ghostwriter
Un proyecto puede entusiasmar mucho a ambas partes y, aun así, necesitar unas cuantas precisiones. Cuanto más claro sea el acuerdo inicial, más espacio habrá después para concentrarse en el contenido.
Entre los puntos que hay que conversar están:
El alcance del trabajo: qué tipo de libro se desarrollará, qué material existe y qué investigación adicional podría requerir.
Las entrevistas y entregas: cómo se organizarán los encuentros y de qué manera vas a recibir los avances.
Las revisiones: qué instancias están incluidas y cómo se tratarán los cambios importantes de rumbo.
Los honorarios: qué tareas contempla el presupuesto, cómo se distribuirán los pagos y qué gastos podrían presupuestarse aparte.
La confidencialidad: cómo se manejarán las conversaciones, los documentos y la información que finalmente quede fuera del libro.
También hace falta distinguir entre la escritura del manuscrito y las etapas posteriores de publicación. La corrección final, el diseño, la maquetación o la impresión pueden formar parte de otra propuesta. Vale la pena saber hasta dónde llega el servicio que estás contratando.
Si buscás ghostwriting en Argentina, podés trabajar con alguien que esté en tu ciudad o realizar el proceso a distancia. En mi caso, trabajo por videollamada con clientes del país y del exterior; para la escritura integral de memorias, prefiero que las primeras entrevistas sean presenciales cuando la logística lo permite.
La cercanía cultural también puede facilitar el intercambio. Reconocer una referencia de época, entender qué implica determinada expresión o advertir que una palabra corresponde a una generación ayuda a situar el relato. Después, habrá que decidir cuánto explicar según sus destinatarios: los nietos de quien cuenta, por ejemplo, pueden necesitar contexto sobre situaciones que sus contemporáneos entenderían de inmediato.
El lector también participa en esas decisiones, aunque todavía no esté presente.
Quizás quieras escribirlo vos, con ayuda
Hay personas que consultan por ghostwriting y, al conversar, descubren que quieren conservar la tarea de escribir. Lo que necesitan es una estructura, una lectura profesional o un compromiso de trabajo que las ayude a avanzar.
En esos casos, un acompañamiento puede ser más adecuado.
Otras tienen un manuscrito bastante desarrollado y necesitan corregirlo o revisarlo en profundidad. También están quienes disfrutan contando, poseen material valioso y prefieren que otra persona se ocupe de convertirlo en un texto.
Son necesidades diferentes. Es imprescindible reconocer cuál es la tuya antes de elegir el servicio.
Si escribir tu historia con tus propias manos forma parte del proyecto, ese deseo merece un lugar. Si preferís dedicar tu tiempo a contarla y revisar los avances, el ghostwriting puede ofrecerte una forma de llevarla adelante.
En ambos casos, hace falta encontrar una dinámica que puedas sostener y una persona con la que te resulte posible hablar con franqueza, y (MUY importante) con quien tengas feeling: de otro modo, el proyecto estará destinado al fracaso. A lo largo del proceso vas a compartir recuerdos, cambiar de opinión y descubrir que algunas cosas que parecían secundarias necesitan más páginas de las previstas.
Podés conocer cómo trabajo en mi servicio de ghostwriting de biografías y memorias y contarme qué proyecto tenés en mente a través del mail tecuento@arianariccio.com o por WhatsApp. No hace falta que llegues con la historia ordenada. Podemos empezar por lo que ya sabés: de quién querés hablar, para quién te gustaría escribir y por qué querés hacerlo.
La estructura vendrá después. Y, cuando lleguen las primeras páginas, habrá una pregunta que será necesario hacernos antes de seguir: ¿te reconocés en lo que estás leyendo?
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